
Cargábamos sobre nuestros miembros
la misma sangre de los fantasmas.
Tú eras una lluvia enfebrecida de sí
y yo una corriente de sol
que ha perdido sus fulgores.
Nuestros antepasados nos dirigían
palabras con violencia.
Fuimos golpeados fuertemente
desde la cadera de Dios,
hasta las puntas de aquellos sables
atormentadores de espectros.
El corazón que nos pertenece a ambos
fue marcado dentro de nuestro pecho
con una letra, fría;
una canción y un poema olvidado
que transmutan nuestra singular
travesía pausada.
Un Sol
no puede surgir del mismo horizonte.
Así nuestros sueños se intercalaron,
y durante los días que dormiste
velé tu ojos junto al laurel
donde abandonabas tu cuerpo.
Éramos hermanos cuando uno
se desconocía en la pesadilla del otro.
Yacíamos en la mortandad,
mientras los menesteres del tiempo
alargaban nuestros pasos grises entre
las sombras,
y las nuevas manos se abrían sobre las viejas
deglutiendo los temblores de su tacto.
Crecieron tus barbas y mis caderas.
La ficción en las delicadas figuras
nos atravesó como un ojo de amor
nos atravesó como un ojo de amor
a nuestros tiempos,
pero las despreciaste
con toda la furia sorda del extraño
con toda la furia sorda del extraño
rencor hacia ti mismo.
Odiábamos las mismas melodías
que al jolgorio de insectos ponía
a bailar en el enjambre de la noche.
Disfrutábamos las mismas puestas de lumbre
sobre la cavidad incendiaria de los débiles.
Libramos mil crímenes de odio,
aún con el sucesivo detener de mis piernas
confusas,y renegamos del miedo
que hacía a nuestras direcciones
acompañarse en medio de la estática.
Pero hoy hace catorce nubes
que te ocultaste al sur para nunca volver.
Rompiste nuestro espejo fabricado de brisa
y con sus pedazos dividiste el corazón
que perforaba nuestro ánimo a uno.
Ya no querías nacer del mismo vientre
en que mi figura fue perturbada a la tierra.
Cansado estabas de contemplar
nuestras sombras tan familiarmente perseguidas.
No querías ser mi hermano,
No querías ser mi hermano,
la cara diestra de aquel monstruo bicéfalo,
y cambiaste las mitologías de tus galaxias
por una nueva estrella construida
y lanzada al cielo como un protector manto.
Te fuiste de nosotros, a perder tu vejez
en otros siglos.
Ahora recuerdo la estrofa del poema
sentenciado en nuestro pecho,
pero no la melodía de aquella canción
que se alejó con tu parte.
Aquí yace el espíritu de dos puestas.
Siamés de las muertes
que en el cielo se conciben.
Aunque en el sol y en la luna
brillen las mismas luces,
opuestas serán las sombras,
opuestos los imperios.





